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Escudo de armas de monseñor Juan Cervantes, típico blasón de clérigo linajudo que lucía las armas familiares |
Bien, antes de nada, las presentaciones. Este que escribe es conocido en el mundillo bloguero como Amo del Castillo. Llevo ya quince años desarrollando un enjundioso blog sobre temas militares de todas las épocas, castellología, tormentaria y demás cuestiones belicosas. Al día de hoy, el Amo del Castillo es seguido en más de medio planeta, incluyendo países en los que el español suena a chino. Es obvio que todo lo relacionado con la principal afición de los primates, matarnos unos a otros, despierta gran expectación, y eso de saber cómo los probos homicidas de todas las épocas se daban estopa entusiasma bastante. Ahora toca la pregunta: ¿Y qué leches pinta Vd. en un blog de heráldica eclesiástica? Pues a eso vamos...
Una de mis grandes pasiones es la heráldica. De hecho, en el blog belicoso he publicado varios artículos sobre el tema los cuales, por razones obvias, serán trasplantados aquí para, además de ir rellenando, ilustrar a los aficionados a este tema pero que no estén duchos en la materia. Pero la cuestión es que, dentro del extenso mundo de la heráldica, me llama especialmente la atención la episcopal- aquí incluimos obviamente la cardenalicia- y la pontificia. Y no porque sí, sino porque posee una serie de peculiaridades que la hacen única: aparte de no ser hereditaria por razones obvias, muchos prelados carentes de linaje se las ingeniaban para dar forma a vistosos blasones tomando símbolos de sus devociones, sus poblaciones natales, seminarios donde estudiaron, etc. Otros, aunque de familias nobles, optaban por mezclar sus linajes con simbología variada. Otros, en fin, incluso cambiaban el mobiliario si cambiaban de diócesis. En fin, es un mundillo bastante peculiar. Y ahora viene la siguiente pregunta: Oiga, ¿y la cosa solo va a ir de curas?
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Escudo de monseñor Fco. Javier Martínez. En este caso, como creo que salta a la vista, ante la carencia de armas propias optó por la simbología religiosa |
Pues sí. Y no por mero capricho, sino por una serie de razones fundadas, a saber... En primer lugar, blogs y páginas de heráldica convencional hay el ciento y la madre. Ese capítulo está bien servido, y para ser uno más me quedo mirando al infinito mientras le rasco el cogote a mis gatos. Pero, en segundo lugar, encontramos que la heráldica eclesiástica, contrariamente a la secular, no está ni remotamente tan bien servida. De hecho, solo recuerdo haber dado con un blog y un foro dedicados a este apartado, y el foro en concreto está parado hace años. Y la cosa es que hay mucha gente a la que interesan estos temas, y es a esos a los que me dirijo para, a ser posible, crear un armorial a lo bestia que sea fuente de ilustración para todo quisque. Pero la cosa es que, mientras que los armoriales seculares se encuentran con relativa facilidad y, además, hay tropocientas publicaciones al respecto, con la heráldica clerical ocurre todo lo contrario. La información es escasa y, lo que es peor, cuando se consulta a los archivos diocesanos no es por desgracia raro que no te hagan puñetero caso. Obviamente, esto supone invertir horas y horas bicheando en la red para, más veces de lo deseable, acabar mandando al carajo al obispo Fulano porque no aparece por ninguna parte o, a lo más, un retrato con una resolución birriosa donde aparece un escudito en una esquina que no se ve nada.
Por esta serie de motivos, desde que empecé a elaborar los armoriales de las diversas diócesis hispanas, cuando los iba completando contactaba con cada cual ofreciéndole el dichoso armorial, elaborados tal como los que ven en esta publicación pero con una resolución mucho mayor. Dejaba bien claro que se trataba de una donación, y que no quería ningún tipo de retribución a cambio y tal. Bueno, pues salvo dos o tres, el resto ni me han contestado y, por supuesto, tampoco me han facilitado información cuando les pedía datos sobre los blasones que me faltaban para completar el armorial. Y, la verdad, mi carácter no es especialmente proclive a ser ninguneado, y más cuando ofrezco un trabajo que, si hubiese que pagarlo, costaría un pastizal porque supone muuuuuuuchas horas y muuuuuuuchos analgésicos para aliviar mis afamados dolores de cabeza.
Y vamos a ir concluyendo. ¿Cuál es pues el proyecto?
Pues ir publicando artículos sobre cuestiones puramente didácticas sobre la ciencia del blasón con los armoriales que tengo terminados más los que iré terminando, de forma que los entusiasta en la materia se ilustren a base de bien. La sección de comentarios está abierta, por lo que cualquiera podrá manifestar dudas, correcciones, sugerencias, etc., o bien facilitar información sobre tal o cual prelado sobre el que no se ha podido encontrar información.
Bien, esa es la película. En breve empezaré a publicar cosillas.
CVRATE VT VALEATIS