PAX VOBISCVM
Siguiendo con lo relacionado a la heráldica episcopal, hoy toca hablar de los ornamentos externos del blasón.
En primer lugar, conviene mencionar la forma del escudo, porque en este tema no hay ni remotamente unanimidad al respecto. Hay que considerar que los escudos nobiliarios eran originariamente concedidos por hechos de armas, por lo que tomaba la forma de un escudo convencional si bien cada país acabó teniendo un diseño específico. En España se adoptaron los tres tipos que vemos a la derecha. El primero es, digamos, el autóctono, con un semicírculo inferior y una proporción de cinco de ancho por seis de alto. En el siglo XVIII se adoptó el rectangular francés, que permitía un reparto más armonioso del mobiliario en los cada vez más complejos blasones en los que se agrupaban las armas de varios linajes. Finalmente tenemos el llamado de piel de toro, por su semejanza con el pellejo de estos animalitos, que también era conveniente para escudos con particiones. No obstante, ha sido el menos usado y solo tuvo más difusión en tiempos de las Guerras Carlistas para los blasones concedidos por el aspirante a mandamás, el nefasto infante Don Carlos, hermano del felón Fernando VII (vaya pareja...).
Pero el clero y las mujeres no podían- en teoría- ostentar escudos de origen militar porque, por razones obvias, no estaban relacionados con la milicia. De ahí que el clero soliese hacer uso de blasones ovalados como el de la izquierda, los mismos que usaban las abadesas y las hembras de linaje. Sin embargo, esta norma no escrita no se llevó a cabo por sistema y, de hecho, en tiempos modernos todo el clero se inclinó de forma mayoritaria por el español tradicional. Otros optaron por el cuadrilongo para dar cabida a unas armerías dignas de un archiduque austro-húngaro. De hecho, a medida que vayamos mostrando los armoriales de distintas diócesis, verán que yo he preferido casi por sistema por el cuadrilongo, precisamente para poder representar de forma más clara las armas de cada cual, y solo he tomado el español para mobiliarios muy sencillos.
Bien, empecemos con el tema. Hasta finales del siglo XIV no había una uniformidad ni nada parecido en la heráldica episcopal. Independientemente del mobiliario, a la hora de decantarse por determinados adornos externos cada cual tomaba los que prefería si bien lo más generalizado era el uso de la mitra y el báculo, además de la cruz. En la figura A tenemos un blasón episcopal con sus tres atributos principales: la cruz trebolada, aparecida a finales del siglo XIV y su uso generalizado a partir del XV, acolada al escudo y en palo, o sea, recta; la mitra, en la diestra externa del jefe y, finalmente, el báculo, también acolado. Éste podía ir en palo o, como hemos representado aquí, en barra, y con la curva hacia fuera. Esto indicaba que la jurisdicción del prelado abarcaba toda su diócesis. En la figura B tenemos un caso peculiar, el de los abades mitrados. Estos eran abades que, por determinadas circunstancias, el papa les concedía el privilegio de usar mitra y báculo. Ojo, era una concesión personal, no inherente a los titulares de una determinada abadía, e igual se daba que se quitaba. En este caso no aparece la cruz trebolada ya que no le corresponde, pero sí la mitra y el báculo, que en este caso aparece con la curva hacia la parte interior del escudo ya que su jurisdicción corresponde exclusivamente al interior de su abadía. Obsérvese que, en este caso, el báculo está provisto del VELVM o SVDARIVM, un trozo de tela, generalmente seda, anudado dónde empieza el asta del mismo. En teoría, se usaba para que la mano sudorosa del abad no lo tocase ya que estos no usan guantes, al contrario que los obispos.
Otro adorno que se extendió a partir del siglo XVII fue el uso de los emblemas de las órdenes a las que pertenecían determinados obispos, que podían aparecer acolados al escudo o como escusón sobre el mismo. En la figura A podemos ver un escudo con la cruz de la orden de los Predicadores. En la B, el emblema de la misma, pero presentado como un escusón sobre el jefe. En otros casos optaban por colocar el escudo de la universidad o colegio donde el prelado hizo sus estudios, o la diócesis donde fue consagrado como sacerdote o, en fin, cualquier símbolo al que le tuviese especial apego.
Otro ornato exterior es el palio, que como vemos no tiene nada que ver en este caso con el dosel sujetado por varas. El palio o PALLIVM, también llamado perla, pérgula y palo en punta, es privativo de los pontífices y los arzobispos, si bien en este caso por una concesión personal del papa. Su uso no conlleva un aumento de atribuciones, sino que se trata de una mera distinción. Como vemos en la foto, es una banda circular de tela blanca de la que penden dos tiras del mismo ancho, una hacia el pecho y otra por la espalda. Va adornado con seis cruces negras que el papa Benedicto XVI modificó mottu proprio por rojas, pero solo a nivel personal. El palio se puede presentar en el escudo pendiendo de los cantones inferiores (figura A) o bien sobre el jefe (figura B), acolándose las cintas al escudo. El palio es el símbolo del Pastor que lleva la oveja sobre sus hombros, y en el caso de los papas su supremo poder pastoral como conductor de los demás pastores de la Iglesia.
Bueno, criaturas, por hoy terminamos. Ya continuaremos, porque aún quedan más cosillas por detallar.
CVRATE VT VALEATIS NOBILIS CIVES





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